erotizame hector p grande

Relato erótico: "Audios, vídeos, erecciones y masturbaciones"

toalla gay 2Hace casi un mes que no viene por el bar, me gustaría verlo más, sí, pero al final me he acostumbrado a esta especie de relación virtual, morbosa y lasciva que no sé a quién beneficia, pero que me tiene totalmente enganchado.

Siempre he sido recatado y muy tímido, lo de mandar fotitos o audios no me va mucho, pero mira tú por dónde me estoy aficionando desde que Quimi empezó a mandarme imágenes de su pene púrpura a punto de explotar, su torso perfecto y apetitoso, sus nalgas redondeaditas y sus piernas deliciosamente torneadas y trabajadas en el gimnasio. El cabrón sabe dónde tocarme para que empiece a salivar y empiezo a pensar que soy una marioneta en sus manos.

Hace un rato me ha mandado una foto recién duchadito, con la toalla puesta en el lugar idóneo para que mi fantasía volara, siempre con esa sonrisa sucia y esa mirada que al mismo tiempo te esconde y te da, te castiga y te premia. Es un artista y sabe perfectamente cómo posar y donde poner la cámara para que sólo con echar un vistazo tu imaginación empiece a jugarte malas pasadas.

En la foto de la ducha estaba de perfil, con las gotas cayendo por su espalda, el pelo alborotado, muy sexy y una minúscula toalla que era incapaz de ocultar una erección descomunal que se adivinaba por la ondulación de la tela. Era como un famoso desnudo, que sabe cuál es su perfil bueno y te quiere subyugar con cada movimiento. Él miraba al espejo sonriendo pícaro y de reojo a la cámara como si quisiera decirme que le gustaría que estuviera allí. "Ufff –me dije cuando lo vi– de esta salgo escaldado", murmuré entre dientes mientras todo empezaba a vibrar en mi cuerpo.

Enseguida le envié yo una en calzoncillos con mi miembro sobresaliendo reluciente, saludándole de lejos y con una mirada lasciva y penetrante. No tardó en contestarme y me mandó otra obra de arte que me hizo sonrojar... Ya ves, a estas alturas... Estabas sentado en el váter, con tu polla a todo latir y con tus brazos como sujetándome a horcajadas encima de ti. Posabas tan bien que enseguida me vi allí mismo subiendo y bajando como loco encima de ti, mientras te estrujaba los músculos y te lamía la cara. Sentía hasta el frío de la taza en mis piernas y tu aliento contra mi pecho.

Encendiste mi interruptor y pensé en mandarte otra foto aún más guarra, pero no pude seguir. Competir contigo en fotos es como integrarse en una orgía a la media hora de empezar, así que decidí dar un golpe de efecto. Como no podía aguantar más mi excitación, empecé a masturbarme con todas mis ganas mirándome en el espejo. Tenías que haber visto mi cara desencajada de placer, mis ojos viciosos, llenos de lujuria líquida y mi cuerpo convulsionándose al ritmo de cada envestida que mi mano se afanaba en acometer cada vez con más presión y a más velocidad. Entonces tuve un momento de lucidez y le di al botón del audio para grabar los últimos treinta segundos. Estaba tan cachondo que notaba mi respiración resquebrajarse a cada segundo. Mi polla la veía cada vez más roja y mis piernas tiritaban por lo que estaba a punto de venir.

Entonces noté que subía. Como lava de un volcán. Arrasando de placer cada milímetro que avanzaba. Decidí parar para sentirlo bien. Me apoyé en los talones con todo mi cuerpo en tensión, apreté bien las nalgas y creí romperme en dos cuando empecé a correrme como poseído por la impudicia. El primer disparo impactó directamente en el espejo, mientras aullaba de placer. Cuando abrí los ojos una estela blanca se deslizaba por el cristal a la altura de mi boca. Incluso saqué la lengua para poder saborearlo.

La imagen me encendió aún más y apreté fuerte mi culo para expulsar el segundo disparo. En un rápido movimiento apunté hacia mi pecho y el semen me salpicó hirviendo en la barbilla, como una ola que rompe salvaje contra la orilla en mtad de un temporal. Me eché un rápido vistazo de nuevo al espejo y me gustó lo que vi. Pero todavía quedaba el tercero, que ya fuera de control, no supe dónde impactó. Tan sólo noté que mis piernas no me sostenían más y caí al suelo derrotado y temblando de gozo.

No recordaba una paja más gloriosa desde mis tiempos de universidad. Aún estuve varios minutos en el suelo hasta que pude levantarme. Estaba lleno de líquido blanco por todo el cuerpo y, sinceramente, cuando me miré de nuevo con complicidad, pensé que esto te iba a gustar de veras. Cogí el móvil y me sobrevino una carcajada al comprobar que también había recibido su dosis de lascivia. Me di cuenta de lo sexy que queda la pantalla de un móvil con varias gotas de semen colocadas estratégicamente. Escuché con el morbo a flor de piel el audio que había fabricado y me quedé alarmado al ver que mi exhausto pene reaccionaba con alegría. Te envié el archivo con un “aún me tiemblan las piernas y la polla…”.

Pero lo que yo pensaba que sería insuperable y que al fin lo tendría a mis pies, resultó que le dio la vuelta a la tortilla sin casi darme cuenta. Estos fueron los siguientes mensajes:

—Me has puesto tan cachondo que me he ido a poner mis botas de cowboy... (me manda foto totalmente desnudo con botas y sombrero... Impresionante. Nada más verlo, erección al canto y babeo)

—¿Y eso?

—Sólo me lo pongo cuando la lujuria se adueña de mí... ¿te gustaría lamerme las botas? (Aquí empecé a sentir cosas que nunca había sentido. El fetichismo pensaba que no iba mucho conmigo, pero... mi lengua pugnaba por salir de mi boca para probar esas botas)

—Humm... nunca lo he hecho, pero...

—Te gustarán. Mientras lo haces te azotaré para recompensarte. Visualízalo. Te la voy a poner tan dura que me suplicarás que siga hasta correrte en ellas. (Aquí empecé a comprobar que era él quien tenía el control y yo era un muñeco en sus manos...)

—Humm...

—¿Lo puedes ver? Tú sobre mis rodillas, lamiendo mis botas y yo azotándote. Mírame... (Foto de su pene erecto, impresionante. Iba a hacer yo lo mismo, pero no pude)

—Ufff...

—Ahora me quito una de las botas y con la suela te azoto en las nalgas a base de bien... Sé que te gusta.

Y ahí me dí cuenta que, el hecho de ser recatado y tímido, no tiene nada que ver con dejar abierta la puerta a la lujuria de vez en cuando. Todavía estaba alucinado de lo rápido que se me había vuelto a poner dura, parecía un pene de deportista o un pene de famoso bien trabajado. Él volvió a atacarme con una foto preciosa. Aparecía su polla, desde arriba, palpitando entre las botas. Ahí ya no pude evitar volver a encontrarme con mi punto de ebullición. Le dí al REC de nuevo, esta vez al vídeo, y mi imaginación me llevó a las montañas de Wyoming en Brokeback Mountain, a esos dos vaqueros enamorados, a esos magreos al amanecer, a ese morbo desorbitado, a esa belleza visual...

Esta vez no pude recrearme tanto en los detalles, tan sólo estuve atento para mirarme bien cuando llegara el orgasmo. Y llegó. De nuevo saltó el magma blanco y me dio por pensar en el discurso navideño que daré este año. Se lo daré a Quimi. Le diré antes de quitarme la ropa: "Me llena de orgullo y satisfacción, la abultada bragueta de mi pantalón...".

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