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Relato erótico | En un día muy malo, algo muy bueno en un parque... (y II)

En un día muy malo, algo muy bueno (I)

Le dije al tipo que parara un poco. Si seguía a ese ritmo no iba a tardar nada en descargar, así que decidí tomarlo con calma, pero esa era mi intención, no la suya. Cuando me quise dar cuenta tenía el miembro del otro en la boca. Me quedé algo descolocado. Jamás había hecho nada parecido. No sabía si escapar o continuar con aquello, pero ya no era mi cabeza la que tenía el poder. Creo que la lujuria tomó el mando y no pude resistirme a la enorme excitación que me producía participar en un trío totalmente improvisado y cachondo.

Me dediqué a lamer aquel glande de la mejor manera que pude. Enseguida cogí el ritmo y los rudos gemidos del rubio me indicaban que no lo hacía tan mal. Después empecé a succionar con fuerza y noté cómo lo que tenía entre mis manos se ponía aún más duro de lo que estaba. Mientras aprendía el arte de la felación, el otro tipo se encargó de bajarme los pantalones y calzoncillos hasta los tobillos y empezó a masajearme el trasero con maestría. Me propinó un par de azotes en cada nalga y confieso que me gustó. Él lo notó rápido y me arreó más fuerte. Solté un grito ahogado por la enorme verga que llenaba mi boca.

Después de darme unos azotes bien calculados comenzó a introducir su dedo índice en mi agujerito. Confieso que de primeras cerré rápido el canal, pero él insistió hasta que se abrió camino, no precisamente con delicadeza. Enseguida noté algo frío y gelatinoso. Me frotó un poco de lubricante. Estaba claro que aquellos dos disponían de todos los accesorios necesarios. Pronto noté cómo me iba relajando y a la vez que seguía succionando el miembro al otro tipo, el que tenía a mi espalda sabía bien cómo preparar el terreno. Si antes entraba un dedo con dificultad ahora cabían dos y sus movimientos oscilantes dentro de mí continuaban abriéndose camino sin demasiada dificultad.

Cuando me quise dar cuenta, me colocó en posición y noté su apéndice sobre mis glúteos, caliente, casi a punto de explotar. Sin medias tintas me introdujo el pene y me arrancó un tremendo grito mezcla de dolor y de placer. Poco a poco fue aumentando la velocidad y noté sus gemidos entrecortados y su aliento cada vez más húmedo. El otro chico cada vez se movía más al ritmo de mi cabeza y notaba su miembro palpitando en todo su esplendor. Estaba procurando placer a dos tipos a la vez. No me lo podía creer. Y si me lo montaba bien, incluso podía hacer que explotaran al unísono.

Hubiera sido increíble, para enmarcar, pero siendo la primera experiencia me contenté con hacer que los dos llegarán al clímax de la mejor forma posible. El primero fue el rubio, el que tenía delante de mí. Cuando quise darme cuenta tenía toda la cara llena de su elixir amargo, y muy poco después, noté cómo se derramaba el que tenía detrás. Caí exhausto como si hubiera sido yo el que estaba derrochándolo todo. Cuando acabamos todo volvió a la normalidad. Nos despedimos hasta la próxima y regresé a mi vida anodina y sin emoción, pero siempre recordaré aquella noche y el morbo de una situación que ni en la más atrevida de mis fantasías podía imaginar.

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