Mi experiencia como modelo erótico (I)

Decidí hacer de modelo erótico para artistas. Nunca lo había hecho pero me agradaba la idea de desnudarme ante un montón de estudiantes de Bellas Artes. Me había masturbado tantas veces antes con esa fantasía que me apetecía hacerla realidad.

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Era una fantasía recurrente lo de acudir a una clase llena de jovencitos, desnudarme y luego disfrutar viendo cómo me pintaban o cómo intentaban esculpir una escultura observando mi cuerpo. La sala era enorme y en las paredes se podían ver numerosas fotos de hombres desnudos que, suponía, eran de otros modelos que habían pasado por allí.

Enseguida noté decenas de ojos posados sobre mí. Chicos y chicas veinteañeros esperando ansiosamente a que me quitara la ropa. David, el profesor, me recibió con amabilidad y me comentó la dinámica de la clase, pero yo solo podía mirar las fotos de las paredes. Esos torsos desnudos y esas poses de lo más sexys me empezaron a poner un poco nervioso.

Mientras me quitaba el pantalón y la camisa se hizo un silencio sepulcral. Aunque no quería establecer contacto visual con ninguno de ellos, cometí el error de mirar de reojo a los chicos de la primera fila. Uno de ellos tenía una mirada tan lasciva que parecía me iba a devorar allí mismo.

Me desnudé y David me indicó la pose que prefería para la clase de hoy. Después volví a notar cientos de ojos posados sobre mí y traté de mostrarme lo más natural posible, pero me temo que no lo logré. Los modelos de las fotos me provocaban y no podía evitar mirarlos aunque fuera de reojo. Esos cuerpazos me estaban empezando a excitar de verdad.

Había una foto en especial que no podía dejar de mirar. Un chico guapísimo sentado, con las piernas abiertas y mostrando su miembro totalmente erecto mientras miraba a la cámara con cara de follarse al fotógrafo y a todo el que estuviera a su lado. Era realmente provocadora esa pose. Mi mente debió empezar a funcionar a toda velocidad porque enseguida noté una tímida erección que pronto empezaría a darme problemas.

Excitado delante de jovencitos guapísimos

Cambié ligeramente mi postura para que nadie notara nada. Los alumnos seguían trabajando pero David frunció el ceño un poco al verme mover. Se acercó y me preguntó si tenía algún problema, yo intenté evitar lo inevitable, pero cuando quise darme cuenta, David vio mi pene en perfecta erección. Al principio se quedó un tanto cortado, pero enseguida me dedicó una sonrisa de admiración que me puso aún más cachondo.

Intenté disimular como pude pero por más que pensaba en otras cosas no pude derribar aquello. Los dos chicos de la primera fila creo que sospechaban algo, porque me miraban de forma extraña. De hecho no les veía centrados en su trabajo. Sus ojos acusadores me excitaban aún más. No sabía cuánto tiempo iba a aguantar esa situación. ¿Qué iba a pasar si toda la clase se daba cuenta que tenía una erección como un potro salvaje?

Afortunadamente David se dio cuenta y decidió concluir la clase antes de tiempo. Yo suspiré de alivio, aunque eso no hizo que mi polla volviera a su posición habitual. Los alumnos empezaron a abandonar la clase. Algunos contenían la risa y otros me miraban muy serios como si fueran a follarme allí mismo. Yo no sabía dónde meterme. Los chicos de la primera fila se resistían a salir. David los tuvo que echar directamente a pesar de su negativa a abandonar el aula.

Cuando por fin cerró la puerta y nos quedamos solos, David me miró fijamente y sonrió. Yo le devolví la sonrisa. Pensé que me iba a felicitar por mi trabajo, pero lo que hizo fue algo más práctico. Sin mediar palabra se agachó y empezó a succionar mi pene compulsivamente. Me sorprendió tanto que no pudo reprimir una risita cuando nuestras miradas se cruzaron fugazmente. Uff, lo hacía muy bien el cabrón. Se la metió hasta los huevos con una facilidad pasmosa y chupaba y lamía con maestría desde el glande hasta la base.

Debía tener una cara de imbécil importante, porque me miraba continuamente y no paraba de sonreír de satisfacción. Cuando empecé a notar que si seguía así me correría en poquísimo tiempo, de repente se abrió la puerta. David, con la polla en la boca, y yo volvimos la cabeza al mismo tiempo. Los dos chicos de la primera fila entraron como si supieran lo que estaba pasando. Cerraron la puerta y empezaron a quitarse la ropa. David y yo nos miramos sorprendidos pero a la vez llenos de lujuria al imaginar lo que iba a pasar a continuación…

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