Mi experiencia como modelo erótico: rodeado de hombres desnudos (II)

Mi experiencia como modelo erótico en la escuela de Bellas Artes no pudo ser más gratificante. Sobre todo después de que dos alumnos se unieran a la pequeña fiesta erótica que montamos David, el profesor y yo, cuando terminó la clase.

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… En un abrir y cerrar de ojos David, tuvo delante de sí tres penes palpitantes que buscaban ávidamente una boca donde alojarse. Me sorprendió la soltura con la que empezó a manejar y a chupar cada uno de ellos. Con una mano masajeaba el pene que quedaba fuera de su boca y, con la otra, se tocaba su miembro que lucía cada vez más esbelto y potente.

Succionaba sin inmutarse dos pollas a la vez y cambiaba de una a otra a gran velocidad. De repente, se levantó y se sentó en una silla alta. Me buscó con la mirada mientras me mostraba su enorme herramienta dispuesta a entrar en acción. Sin dudarlo, me senté sobre ella y sentí cómo me estremecía por dentro.

Empecé a subir y bajar sintiendo el calor de su grueso falo. Cuando me quise dar cuenta, empecé a notar una lengua merodeando por mis testículos. Uno de los chicos, el rubito, estaba haciendo bien su trabajo. Agachado y con las piernas bien abiertas, se había metido mi polla en la boca y, mientras lamía mi glande con avidez en cada subida y bajada, sentía su aliento debido a sus intensos gemidos de placer. El otro chico lo estaba penetrando con fuerza.

La estampa desde mi posición era de lo más excitante. Mientras cabalgaba a David y el rubio me practicaba una felación increíble, veía cómo la gran polla del chico moreno entraba y salía con voracidad del cuerpazo de mi succionador particular. Los gritos y gemidos de todos esos hombres desnudos me estaban poniendo aún más cachondo de lo que estaba. Los cuatro estábamos interconectados por la lujuria.

En la lengua del rubio notaba las embestidas del moreno y, a la vez, multiplicaban por dos los potentes pollazos de David. Éste alargaba más sus gemidos cada segundo que pasaba. Su pene estaba cada vez más caliente y me quemaba dentro como carbón encendido. Me avisó con un grito que estaba a punto de correrse. Decidí esperar su leche hirviendo sin moverme. Me encantaba esa sensación de saciedad, de sentir la esencia de un tío en mis entrañas.

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El moreno no perdió detalle de la corrida de David en mi interior y me miraba fijamente con envidia mientras aceleraba el ritmo de sus embestidas. El rubio se estremecía en cada una de ellas y chupaba mi glande con rabia. De repente, el moreno salió del otro chico y se acercó a mí mientras agitaba su polla a punto de explotar. Me miró como si quisiera vengarse por algo, me cogió del cuello y bajó mi cabeza hasta su miembro en el mismo momento en que se corrió.

Intenté cerrar la boca pero el muy cabrón atinó al primer disparo. Después me maquilló la cara con su semen como si estuviera pintando un lienzo. Confieso que me gustó sentirlo, aunque no soy yo mucho de corridas de ese tipo.

David volvió a buscarme con la mirada. Se tumbó y se abrió bien de piernas mostrándome el camino. Me acoplé junto a él y comencé a penetrarle de lado. Ante la sorpresa de todos, el moreno volvía a tener una erección impresionante y no tardó en colocarse junto a mí para empezar a taladrarme. El rubio le introdujo el pene al moreno en su boca y todos volvimos a interconectarnos como si estuviéramos subidos encima de un caballo salvaje.

No sé cuánto duró, lo que sí sé es que no recuerdo bien lo que pasó después. Cuando quise darme cuenta estaba tumbado, boca abajo, jadeando con mi pene aún chorreando y con el aliento del chico moreno en mi oreja mientras notaba su semen deslizándose por mi espalda… Tardé un rato en reaccionar y observar cómo había quedado el campo de batalla… Entonces, miré las fotos de famosos desnudos de la pared y sonreí. No les envidiaba en absoluto.

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