Eleno de Céspedes, un transexual en tiempos de Felipe II

Nació mujer, se casó con un hombre y después de enviudar acabó casándose con una mujer.

eleno de cespedesNació siendo Elena y murió siendo Eleno. El caso –muy conocido en la época- del transexual Eleno de Céspedes demuestra que incluso en tiempos de Felipe II ya existía la transexualidad.

Su historia también demuestra que la persecución al colectivo ya se daba también desde hace siglos. Eleno (cuando todavía era una mujer) se casó primero con un hombre, con el que tuvo un hijo, y después de que su marido muriese, comenzó su transformación y se llegó a casar con una mujer.

Su condición de transexual le llevó a ser condenado por la Inquisición, que le acusó de “desprecio al Matrimonio y tener un pacto con el Demonio”.

Fue precisamente el tribunal de la Inquisición quien hizo famosa la vida y obra de Eleno de Céspedes, ya que todo lo que se sabe procede de las más de 300 páginas de su proceso inquisitorial. Se sabe que nació en torno a 1545 en la localidad granadina de Alhama y que su llegada al mundo fue fruto de una relación extramatrimonial de su padre con una esclava negra.

Esta condición materna convirtió automáticamente a Eleno en esclavo, una condición que mantuvo hasta los 8 años cuando fue liberado y aprendió el oficio – por aquel entonces femenino- de tejedora. Siendo adolescente y todavía haciendo su vida como mujer, se casó con un hombre, un albañil con el que, según el acta inquisitorial de acusación “hizo vida maridable como tres meses” hasta que abandonó el hogar conyugal cuando ya esperaba a su primer y único hijo.

Al bebé lo dio en adopción y estuvo recorriendo numerosas ciudades de España en un momento en el que también inició su proceso de reasignación sexual, que por aquel entonces se reducía simplemente a vestir con ropa masculina. Según la Inquisición, después de su marido, nunca más volvió a tener sexo con un hombre. Se dice que era bastante promiscua y que actuaba así aún sabiendo que los vecinos la denunciarían a la Inquisición.

Tras esta vida de amantes y cambios de residencia, Eleno se alistó como soldado para luchar en el levantamiento contra los moriscos y después de la batalla, se mudó a Madrid y empezó a ejercer como cirujano, primero sin licencia y después con una licencia, según dicen, fraudulenta –cabe recordar que por aquel entonces el oficio de cirujano era exclusivo de hombres-.

Se dice que su ejercicio como cirujano le ayudó a demostrar su identidad masculina

Eleno de Céspedes se casó finalmente con una mujer, después de que un examen genital ordenado por el cura ante la sospecha de que fuese “lampiño o capón” certificase erróneamente que podría engendrar hijos, es decir, se le vio dotado de genitales masculinos. Hizo vida conyugal poco más de un año, hasta que un antiguo compañero del ejército lo denunció. Eleno y su mujer fueron detenidos y él fue sometido a juicio por el tribunal de la Inquisición de Toledo, donde le condenaron a 200 azotes y diez años de ingreso en un hospital.

El transexual, como es obvio, sufría estigma social, un estigma que se vio reflejado en la petición del director del centro donde fue recluido de que lo trasladasen por “el grande estorbo y embarazo” que causaba su presencia.

Se dice que su ejercicio como cirujano le ayudó a demostrar su identidad masculina gracias a la implantación de genitales de algún cadáver, y a la obturación de su vagina. El acta inquisitorial habla de una especie de consolador llamado baldrés como instrumento para las relaciones sexuales con su mujer.

El caso fue tan conocido en la época que posiblemente inspirase a Miguel de Cervantes su personaje Cenotia, una especie de maga nacida en Alhama de Granada y huida de la Inquisición que aparece en Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

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