La transexual prehistórica

Descubren el que podría ser el primer registro de la transexualidad en la historia en una excavación en la ciudad de Praga, en el barrio de Bubeneč, fechado en el neolítico final y perteneciente a la denominada Cultura de la Cerámica Cordada.

16/10/2011 - Carlos Lecuona | La arqueóloga Kamila Remišová, perteneciente a la Sociedad Arqueológica Checa y responsable de la excavación, ha descubierto, junto a su equipo de investigación, un hallazgo sorprendente: un varón de edad adulta enterrado a la manera femenina.

Los restos forman parte de la cultura de la cerámica cordada, denominada así por el tipo de decoración de sus piezas cerámicas. Esta cultura, datada entre el II y I milenio a. C., se circunscribe aproximadamente desde la zona centroeuropea del Rin y el Danubio hasta el Volga en Europa del Este. Hachas, azuelas, cuchillos o gubias fabricados en moldes de piedra comenzaron a extenderse por el continente europeo. Con unas características muy definidas –un pleno dominio de la agricultura y de la ganadería– pudo dedicarse a otros quehaceres, como el desarrollo de una industria metalúrgica importante. A todo esto, se suma el estudio de los materiales en el ámbito funerario, que ha llevado a la arqueóloga a considerar este enterramiento masculino como una prueba de transexualidad.

Frente a la tradición megalítica anterior de enterramientos colectivos, sin apenas desigualdades, se impondrá la individualización y una clara diferenciación de sexos. Los hombres eran enterrados normalmente en posición flexionada, sobre su lado derecho y orientados hacia el oeste. Las mujeres, por su parte, eran colocadas sobre su costado izquierdo y mirando hacia el este. Es precisamente esta costumbre tan arraigada la que no se da en este enterramiento. Si bien el estudio de los huesos, más concretamente de la pelvis, da como resultado un varón de edad adulta, el enterramiento se corresponde con el de una mujer, pues está en posición femenina y acompañado de un ajuar que no atañe a un varón.

¿Estaríamos entonces ante el primer caso de transexualidad en la historia? ¿Se podría decir que vivía como lo que contemporáneamente se ha llamado “los de la cáscara amarga”? ¿O simplemente se trataría de un autobombo por parte de los responsables de la excavación para lograr financiación?

Son muchos los interrogantes que se plantean, pero una cosa está clara: la antropología ha demostrado que la transexualidad existe en numerosas comunidades que hasta hace poco habían permanecido aisladas del resto del mundo. Por tanto, el hallazgo, importante en el estudio de este campo tan minoritario de la disciplina histórica, supone un gran impulso para continuar e iniciar nuevas investigaciones en un ámbito tan marginado por el mundo científico con es el de la transexualidad en la historia.

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