psicologia gay gabriel j martin grande

Lo tuyo se llama nosofobia

Lo típico: subes un vídeo a tu canal de Youtube sobre que el VIH no se transmite por vía oral  y te llegan tres tipos de reacciones: te quiero, estás loco, pues a mí me da miedo.

La primera ha sido la reacción mayoritaria, inmensamente mayoritaria. Y está llena de alegría y felicitaciones porque alguien se atreva a ser tan valiente como para hablar tan claro. Algo así nos dijeron cuando afirmamos rotundamente que la evidencia científica ha demostrado de sobra que una persona VIH+ indetectable no transmite el VIH. Suelo decir que esto de no atreverse a ser claros es muy de entornos latinos, quizá porque aún nos dura la moralina que estigmatiza todo lo que tenga que ver con el sexo incluyendo las ITS. Y porque (ya que estamos siendo sinceros, seámoslo del todo) a ello también contribuye que el nivel de rigor científico de algunas informaciones que pululan por nuestras redes, a veces deje mucho que desear. Los anglosajones, por el contrario, suelen mucho más claros: si la evidencia científica lo demuestra, se difunde y punto (ahí están los foros de GMFA). Para eso, evidentemente, tienes que apoyar todo lo que dices en fuentes fiables y, por ello, en mi video yo cito un panel de nada menos que 13 expertos en el tema. Creedme que empiezo a ser muy consciente de la repercusión que tiene cualquier cosa que digo así que me cuido de estar seguro antes de escribir ni decir nada. Resumiendo: que quienes me leéis me agradecéis que hable con claridad y rigor, en ello estoy y os doy las gracias a vosotros/as por seguir mi trabajo.

La otra reacción es muy minoritaria y suele ser propia de personas con problemas de comprensión. O eso o mala leche. Porque mira que me expreso bien, cito las fuentes, los estudios, doy explicaciones completas, etc., etc., etc. En esta ocasión, de momento, sólo me ha llegado un comentario de uno que no se creía que yo me tragase el semen de mis amantes. Angelito mío. Que a estas alturas alguien pueda dudarlo es casi un insulto. Un insulto porque significaría que estoy siendo uno de esos hipócritas que dice una cosa y hace lo contrario, algo así como si yo me dedicara a dar lecciones sobre la obligación moral de usar el preservativo y luego me pusiera a cuatro patas en un cuarto oscuro y que entrase lo que Dios quisiera (todos sabemos que no hay gente así ¿verdad?). Y también un insulto porque dudar de que yo me trague el semen de mis amantes es demasiado. Hay dudas que ofenden mucho y yo empiezo a tener una reputación que cuidar (guiño, guiño, sonrisa).

Pero si hay una reacción que me preocupa es la de aquellos que sufrís de nosofobia, porque os veo enredaros en una retahíla sin fin de “y si…”, “y si…”, “y si…”, “y si…” producto de la ansiedad con la que, en vuestras mentes, se acompaña el sexo. La reacción nosofóbica es la del que me dice “vale, sí: pero yo no me arriesgo”, la del que no llega a conclusiones lógicas sino emocionales. Y, cuando digo “lógicas”, me refiero a “resultados que se obtienen como consecuencia del análisis racional de esa cuestión” mientras que, por “emocionales”, me refiero a las “conclusiones a las que llegas no tanto guiado por las evidencias, sino por tus estados emocional, de forma que no haces aquello que racionalmente podrías hacer sino sólo aquello que te ayuda a sentirte tranquilo”. Cosa que no tendría nada de malo… sino fuera porque te limita ¡y de qué manera!

Los problemas que nos trae la nosofobia.

A ver, en principio, todo aquello que te evite correr riesgos es adaptativo (ayuda a sobrevivir) por lo que resulta inteligente mantener un pensamiento que te evita correr riesgos. El problema surge cuando las precauciones resultan ser innecesarias y, además, interfieren con tu vida cotidiana (o con tus relaciones) o te provocan un sufrimiento insoportable.

Un ejemplo “de la vida real” de este sufrimiento sería el del chico que descubre una mancha en la espalda del otro con el que está follando. En apenas unos segundos, su mente inicia una catarata de pensamientos catastróficos del tipo: “-Esto... esto… ay, esto es Kaposi, ¡sarcoma de Kaposi! Coño, este tío tiene sida y no me ha dicho nada, ¡mierda! Y, si tiene sida, es porque no se medica… joder, si no se medica me lo puede pasar a mí. Joder, joder, joder, este tío tiene que tener la carga viral altísima. ¡Qué fuerte! Y no me avisa, ¡será cabrón!“. Como habrás comprobado, la línea entre la serofobia y la nosofobia es tan delgada que, en realidad, no son más que las dos caras de la misma moneda: la moneda del miedo malinformado. ¿Cómo crees que terminará la cosa? Probablemente inventará una excusa, se levantará, se vestirá y se marchará sin dar explicaciones. O, peor aún, sólo se marchará después de haber acusado al otro de haber puesto su salud en riesgo. Y por más que el otro chaval le explique que aquello es una mancha de nacimiento o una reacción alérgica, el nosofóbico no se lo va a creer (“-¡claro!, ¿qué me vas a decir tú?”, responde). Una de las características del nosofóbico es que sólo cree a su miedo y no se da cuenta de que ha encadenado toda una serie de interpretaciones erradas basadas en la desinformación. Desinformación porque el sarcoma es altamente improbable ya que, afortunadamente, llegar a la “etapa sida” es muy infrecuente en nuestro entorno. A no ser que se trate de un diagnóstico tardío, es muy raro que encuentres a alguien que pueda tener sarcoma de Kaposi. El otro gran error de su razonamiento está en pensar que los fármacos no le funcionan al chico. Tenemos una carta de antirretrovirales tan extensa que cualquier persona puede recibir la combinación que mejor se ajusta a sus necesidades. En nuestro entorno es altamente improbable que encuentres a alguien a quien no le funcionen los fármacos contra el VIH. Pero es que, además, si estáis usando preservativo en vuestra relación sexual, lo que también es altamente improbable es que se pueda producir una infección. No es Kaposi pero, aunque lo fuera, está el preservativo. Como ves, el nosofóbico a partir de una manchita, inicia una cadena de interpretaciones improbabilísimas que, en su imaginación, conducen a la catástrofe pero que, en la realidad, no tienen base ninguna.

El problema (y, ahora, te hablo a ti que empiezas a darte cuenta de que eres nosofóbico) no es que te imagines cosas, el problema es lo mucho que sufres después de cada una de tus relaciones sexuales por desvaríos como “¿y si soy de ésos a los que el preservativo le falla?”. Y, seamos honestos, también porque ofendes a tus novios y amantes con tus dudas e interrogatorios. Y también, vamos a ser sinceros del todo, por lo mucho que distorsionas en los foros sobre prevención al exponer tus ideaciones sobre supuestas vías de infección llenas de “y si…” y con tu obcecación en no creer nunca nada a pesar de que lo que se te explica esté sustentado sobre evidencias científicas firmes y rigurosas.

Y, cómo no, también por el miedo con el que vives tus relaciones sexuales, siempre saltando del deseo al pánico. La sexualidad es una dimensión básica del ser humano, que algo te dificulte disfrutar de una característica tuya tan central como ésa, es algo que trastoca los núcleos más básicos de tu ser. No puedes establecer relaciones saludables si te pasas el día desconfiando de las consecuencias de cada una de tus prácticas. Tan inconveniente es no tener precaución como no tener sosiego.

Dejando la nosofobia atrás.

En breve publicaré un libro donde, entre otras cosas, hablo de cómo solucionar la nosofobia. De momento, y aun a sabiendas de que no es suficiente con que te leas un artículo breve para solucionarla, sí que te ofreceré unas indicaciones de cómo abordamos este problema en consulta:

  • Infórmate a partir de fuentes rigurosas. Además de en webs como la de GMFA de la que antes te hablaba, puedes consultar otras como www.thebody.com o la española www.gtt-vih.org. También puedes hacerlo leyendo revistas científicas especializadas como AIDS, Journal of the International AIDS Society o HIV Medicine.
  • Aprende a afrontar, relajadamente, las diferentes situaciones sexuales. Suelo aconsejar elaborar escalas de diferentes prácticas desde las que te provocan menos ansiedad hasta las que te hacen sentir mucho miedo. Aprende técnicas de relajación y, si tienes la posibilidad de ir llevando a cabo estas prácticas, trata de realizarlas controlando tu ansiedad con, por ejemplo, respirando profundamente y repitiéndote mentalmente todo lo que sabes sobre el sexo más seguro. Ve progresando de las que menos hasta las que más ansiedad te generaban.
  • En casos muy extremos se hace necesaria una intervención psicológica para afrontar distorsiones muy graves. Tiene solución (y no es complicada) pero necesitarás ayuda.

La sexualidad, según la OMS es “un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida” y algo tan central no debe vivirse desde el miedo. Las campañas de prevención del VIH y de otras ITS deben servirte para aprender cómo protegerte de infecciones pero no ser la causa de que vivas tu sexualidad disfuncionalmente. Aprender a diferenciar la información rigurosa de aquella que no lo es, te ayudará a aplicar los principios del sexo más seguro a tu vida sexual de forma que te ayuden a gozarla, no a vivirla paranoicamente. La nosofobia puede superarse incorporando información rigurosa sobre la salud sexual y adquiriendo hábitos que te ayuden a controlar tu ansiedad. El sexo es maravilloso, disfrútalo… y quiérete mucho, maricón.

 

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